Cuestión de Genes

La genética, un factor de riesgo cardiovascular

Los factores riesgo cardiovascular son múltiples. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, el colesterol alto y la obesidad. Además, también hay uno que puede transmitirse de generación en generación y que tiene un gran peso: la genética. Por este motivo es frecuente que varios miembros de una misma familia presenten dolencias de este tipo.Conocer nuestro riesgo cardiovascular es importante para poder prevenir este tipo de enfermedades, que son una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo.

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¿Qué son las enfermedades cardiovasculares? 

Se trata de un conjunto de trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. Estas enfermedades, ateniéndonos a la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se engloban en varias categorías:

  • Hipertensión arterial.
  • Cardiopatía coronaria.
  • Enfermedad cerebrovascular.
  • Enfermedad vascular periférica.
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Cardiopatía reumática.
  • Cardiopatía congénita.
  • Miocardiopatías.

De acuerdo con la OMS, en el año 2015 17,7 millones de personas fallecieron debido a una enfermedad cardiovascular, lo cual supone un 31% de todas las muertes registradas en el mundo.

A pesar de la alta tasa de mortalidad que tienen las enfermedades cardiovasculares, hoy en día, gracias a la investigación y a los avances científicos, podemos calcular qué riesgo tenemos de desarrollar algunas de ellas. Esto nos permite tomar medidas preventivas enfocadas a evitar complicaciones mayores.  
Nuestro riesgo de tener una enfermedad cardiovascular viene determinado por  múltiples factores. Estos se engloban en dos grandes grupos: los no modificables, es decir, los que no pueden cambiarse, y los modificables, aquellos sobre los que sí tenemos control.

Factores de riesgo cardiovascular no modificables

Entre los factores que incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular, hay varios sobre los que no tenemos control y no podemos modificar, por eso se conocen como “factores de riesgo cardiovascular no modificables”. Los principales son: 

  • Edad: con el paso de los años tiende a deteriorarse la actividad del corazón, que puede aumentar el grosor de sus paredes o perder flexibilidad. Esto provoca que la sangre no se bombee de forma tan eficiente, lo cual supone un factor de riesgo.
  • Sexo: por lo general el riesgo cardiovascular es mayor en hombres que en mujeres. Sin embargo, a partir de la menopausia su riesgo aumenta progresivamente. Además, las mujeres con menopausia prematura (aparece antes de los 45 años) presentan un riesgo cardiovascular mayor que se ha relacionado con la aparición de eventos cardiovasculares precoces. 
  • Raza: ciertas enfermedades cardiovasculares se manifiestan más en determinadas etnias. Por ejemplo, algunas investigaciones indican que la raza negra es más propensa a la hipertensión arterial, aunque su pronóstico es más leve. Del mismo modo, la población de los países orientales tiene más riesgo de ictus que la de los occidentales, pero presentan un riesgo más bajo de infarto de miocardio. El grado de prevalencia de enfermedades cardiovasculares en distintas etnias está vinculado en gran parte al factor genético, aunque también a factores ambientales como pueden ser los hábitos de alimentación.
  • Genética o antecedentes familiares: como hemos explicado en el punto anterior, la genética tiene un papel clave en el desarrollo de determinadas enfermedades cardiovasculares. Más adelante dedicaremos un apartado a este factor para comprender mejor cómo la genética afecta a nuestro riesgo cardiovascular. 

Factores de riesgo cardiovascular modificables 

El riesgo cardiovascular también depende de otros factores sobre los que, a diferencia de los no modificables, sí que podemos intervenir. Es decir, podemos actuar sobre ellos de tal forma que disminuyamos nuestro riesgo desarrollar una enfermedad cardiovascular. Algunos de estos factores de riesgo modificables son: 

 Colesterol 

Los niveles elevados de colesterol duplican, de acuerdo con varios estudios, el riesgo de sufrir un infarto de miocardio.

Pero ¿qué es exactamente el colesterol y por qué está vinculado al riesgo cardiovascular? El colesterol es una molécula lipídica o grasa presente de forma natural en todas las células del organismo, que es imprescindible para su correcto funcionamiento.

Para llegar a todos los órganos del cuerpo, el colesterol se transporta por la sangre unido a dos tipos de lipoproteínas, las de baja densidad o LDL, o las de alta densidad o HDL:

  • Lipoproteínas de baja densidad o LDL: son las asociadas al conocido como “colesterol malo”. Esto se debe a que cuando el colesterol es transportado por estas lipoproteínas, puede depositarse y acumularse en las paredes de las arterias y llegar a bloquearlas.
  • Lipoproteínas de alta densidad o HDL: son las asociadas al conocido como “colesterol bueno”, debido a que estas lipoproteínas transportan el colesterol al hígado, donde el exceso de esta sustancia puede ser eliminado.

Se trata de un factor de riesgo modificable puesto que se ha demostrado que cuando se reducen durante un tiempo unos niveles altos de colesterol, este puede llegar a desprenderse de las arterias y eliminarse, reduciendo así el riesgo cardiovascular. 

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Diabetes

La diabetes se origina cuando el páncreas no puede generar la cantidad necesaria de insulina (diabetes tipo 1), o cuando las células del organismo no responden al estímulo de la misma (diabetes tipo 2). Cuando esto ocurre, la glucosa se va acumulando en la sangre y deteriora los vasos sanguíneos, lo que acelera su endurecimiento, provoca pérdida de flexibilidad y los debilita. Todo ello incrementa el riesgo cardiovascular. En concreto, el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular si se padece diabetes mellitus es igual al de una persona sin esta enfermedad que ya haya tenido un infarto. 

El desarrollo de la diabetes tipo 2 está fuertemente relacionado con malos hábitos de vida; con una mala alimentación y sedentarismo, por lo que puede considerarse un factor de riesgo cardiovascular modificable. 

Hipertensión 

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias al circular por ellas. La hipertensión aparece cuando los valores de esta presión son más elevados de lo habitual, lo que puede tener graves consecuencias. Además de ser un factor de riesgo cardiovascular, la hipertensión en sí misma es una enfermedad, ya que, además de al corazón también afecta funcional y estructuralmente a otros órganos como pueden ser los riñones o en encéfalo. 

La hipertensión no solo daña los vasos sanguíneos, si no que el corazón bombea la sangre con más fuerza, lo que puede aumentar la masa muscular del corazón debido al sobreesfuerzo que realiza. Esto provoca que las personas con esta patología sean más susceptibles a muchas enfermedades cardiovasculares. 

Obesidad

La obesidad es uno de los problemas de salud globales más importantes. De acuerdo con datos de la OMS, en 2016 alrededor del 39% de la población mundial adulta tenía sobrepeso y un 13% obesidad. La obesidad se produce por la acumulación de grasa en el organismo, que puede afectar a órganos vitales como el corazón, incrementando el riesgo cardiovascular. La obesidad también está asociada a otros riesgos cardiovasculares, como la hipertensión o la diabetes.

Se trata de una patología de carácter multifactorial cuya aparición podemos evitar siguiendo algunos consejos como los que te explicamos en nuestro post Cómo prevenir la obesidad.

Sedentarismo

Se han realizado diversos estudios que han mostrado que la baja actividad física, tan ligada al estilo de vida occidental, está directamente relacionada con el aumento del riesgo cardiovascular. El sedentarismo aumenta el deterioro de los vasos sanguíneos y la presión arterial, pudiendo llegar a causar niveles altos de hipertensión, entre otras patologías.  

Con la práctica habitual de ejercicio, fundamental para un estilo de vida saludable, podemos evitar este factor de riesgo cardiovascular.

Tabaquismo

El tabaco afecta tanto a los fumadores como a los fumadores pasivos. Los primeros tienen un riesgo tres veces mayor que el resto de la población de tener una enfermedad cardiovascular. Esta probabilidad se incrementa en función de la cantidad de cigarrillos que se fuman al día, así como con los años durante los que se ha mantenido este hábito. En cuanto a los fumadores pasivos, es decir, las personas no fumadoras que están expuestas al humo del tabaco, su riesgo de enfermedad cardiovascular aumenta un 30%.

Diversos estudios muestran que por cada diez cigarrillos diarios la mortalidad por enfermedad cardiovascular aumenta un 18% en hombres y un 31% en mujeres.

El tabaquismo tiene efectos muy adversos sobre la salud cardiovascular, como vemos a continuación:

  • Aproximadamente el 29% de muertes por enfermedades coronarias se deben al tabaquismo. 
  • La nicotina y el monóxido de carbono (componentes del humo del tabaco) se acumulan en la sangre, lo que con el tiempo puede causar la formación placas en las arterias coronarias y el endurecimiento de las mismas, causando arteriosclerosis.
  • Limita el aporte de oxígeno a las células.
  • Disminuye los niveles de colesterol bueno y aumenta los niveles de colesterol malo y triglicéridos.
  • Se produce un deterioro de la vasorreactividad, es decir la capacidad de los vasos sanguíneos de cambiar su diámetro, por lo que no pueden responder de forma eficiente a las demandas de oxígeno específicas de cada órgano en cada momento.

La importancia de los hábitos saludables para reducir el riesgo cardiovascular 

Los factores de riesgo modificables que acabamos de describir en el apartado anterior pueden reducirse en gran medida si llevamos estilos de vida saludables, para ello es básico:

  • Una dieta adecuada: contribuye a reducir el colesterol.
  • Ejercicio físico diario: reduce la hipertensión y la obesidad.
  • Dejar de fumar: reduce la tasa de reinfarto y el riesgo de muerte súbita en un 20-50%.

Los hábitos saludables tienen múltiples beneficios tanto en tu bienestar físico como psicológico. Si quieres aprender más sobre cómo mejorar tu calidad de vida cambiando algunas costumbres, te recomendamos nuestro artículo 7 consejos de salud para tu bienestar físico y mental

Métodos para calcular tu riesgo cardiovascular

Conocer nuestro riesgo cardiovascular es fundamental para poder tomar medidas encaminadas a disminuirlo: 

Existen varios métodos para calcular el riesgo cardiovascular, como por ejemplo la calculadora REGICOR o la calculadora basada en el Framingham Heart Study:

  • Calculadora REGICOR de riesgo cardiovascular: se trata de un método validado para la población española de entre 35 y 74 años, que establece el porcentaje de riesgo que tiene el individuo de padecer en los próximos 10 años distintas patologías cardiacas como infarto de miocardio o angina de pecho. Para ello considera parámetros como la edad, el sexo, el tabaquismo, los niveles de colesterol total, el nivel de “colesterol malo” LDL, y la tensión arterial.
  • Calculadoras basadas en el Estudio de Framingham (Framingham Heart Study): las calculadoras basadas en este estudio deducen el riesgo cardiovascular en personas de entre 30 y 74 años de edad, incluyendo para su valoración parámetros como el nivel de triglicéridos y el de “colesterol bueno” HDL. 

Además de estas dos calculadoras, en las nuevas guías se basan en el baremo SCORE modificado, que permite clasificar a las personas asintomáticas en grupos de riesgo: muy alto, alto, moderado o bajo. Para ello utiliza prácticamente los mismos valores que las calculadoras que acabamos de explicar. 

Todos estos métodos evalúan el riesgo de enfermedad cardiovascular en función de los parámetros de factores de riesgo como la edad, el colesterol o la hipertensión. Sin embargo, hay un importante factor de riesgo que estas calculadoras no están considerando: la genética. 

Genética y riesgo cardiovascular

Como hemos visto, los factores de riesgo cardiovascular son varios. Pues bien, uno de los más importantes es la genética. De hecho, entre el 15 y el 20% de las muertes súbitas cardíacas están causadas por anomalías en los genes responsables del músculo cardíaco o del ritmo del corazón.  

Existen numerosos genes implicados en el funcionamiento del sistema cardiovascular, por ejemplo, algunos son responsables de regular la presión de los vasos sanguíneos, otros son responsables del músculo cardiaco, otros están asociados a los niveles de colesterol, etc.

Como bien sabrás si sigues nuestro blog, el material genético se transmite de generación en generación. Por este motivo, si una persona padece alguna enfermedad cardiovascular, es recomendable que sus familiares se sometan a estudios preventivos que puedan detectar de forma precoz la patología y así prevenir su aparición o aminorar sus consecuencias.

La genética puede influir de varias maneras en nuestra salud cardiovascular. Existen enfermedades cardiovasculares hereditarias, que se desarrollan por mutaciones en genes específicos, de forma que la alteración de un gen puede causar una enfermedad. Por ejemplo, el síndrome de QT largo se desarrolla por la presencia de mutaciones en genes específicos; hasta la fecha se han descrito más de 10 genes asociados. Es una enfermedad en la que el corazón late más rápido de lo normal e incluso lo hace de forma caótica, pudiendo ocasionar convulsiones o desmayos y, si estos latidos irregulares se mantienen durante un periodo de tiempo, puede dar lugar a muerte súbita. A día de hoy, existen muchas personas que no conocen que tienen dicha enfermedad ya que no presentan síntomas, o porque el primer episodio de QT largo suele aparecer alrededor de los 40 años. 

De ahí la importancia de realizarse estudios genéticos en casos de enfermedad cardiovascular en una familia.  

Sin embargo, en la población general existen polimorfismos, es decir, variaciones genéticas que aumentan o disminuyen el riesgo de enfermedad cardiovascular. Estas variaciones no causan enfermedad por sí solas, pero pueden aumentar el riesgo cardiovascular al combinarse con otros factores de riesgo. Por ejemplo, se ha identificado un polimorfismo en el gen PPARD que se relaciona con niveles más elevados de colesterol con respecto a la población general, del mismo modo que un polimorfismo en el gen AGT se asocia con una presión arterial más elevada que en la población general. Estos datos no significan que las personas con estos polimorfismos tengan niveles elevados de colesterol o hipertensión, sin embargo, sí presentan un riesgo cardiovascular ligeramente mayor que el de la población general. Conocer esta información, nos permitirá llevar un seguimiento personalizado con el fin de minimizar estos factores de riesgo. 

Conoce tu riesgo genético a enfermedades cardiovasculares

Como ves, la genética es un factor de peso en el riesgo cardiovascular. Aunque se engloba dentro de los factores “no modificables” que explicamos previamente, hoy en día, gracias a los test genéticos, puedes conocer si presentas un riesgo genético cardiovascular para, si es así, tomar medidas preventivas. 

¿En tu familia hay miembros con este tipo de patologías o antecedentes de problemas cardiovasculares?  Entonces es probable que te interese saber si tú también presentas dicho riesgo. En Veritas te ofrecemos myCardioDNA, que incluye el estudio de 90 genes relacionados con enfermedades cardiovasculares hereditarias, como el síndrome de QT largo que hemos visto anteriormente.

Además, si no tienes antecedentes familiares pero quieres saber si presentas riesgo cardiovascular y a otras enfermedades como por ejemplo el cáncer, ponemos a tu disposición myGenome, el producto más completo para preservar la salud en personas sanas. Si quieres saber más, contacta con nosotros. 

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